M-A-D-U-R-EZ.
Muerte. Amor. Dureza. Utopía. Razón. Estabilidad. Zozobra.
Me acuesto sin reflejos en el pie derecho. Con humo saliendo por las orejas. Ojos huecos rojos. Y la boca seca. Entre la tristeza y el malhumor hay una delgada línea, casi tan delgada como la linea que separa mi amor del odio.
He metido tres camisetas en la maleta. Una de cada color que prefiero. He recogido las espinas del cactus seco del suelo. Puesto a cargar el cepillo de dientes y aclarado la cara con cloruro de aluminio. He apagado las luces y me he tumbado en la cama sobre tres cojines. Uno, por cada pata resquebrajada de mi mesa negra. He roto la etiqueta de la cortina del baño y agujereado el papel naranja que cada semana recojo al entrar a la universidad. Hoy era naranja, la semana pasada fue verde, así que la que viene será azul. Como odio el naranja. Nauseabundo. Necio. Nagual. Narizudo. Nastuerzo. Narcotizar. Nazi. Necrófilo. Negativo. Negar. Nerviosismo. Nicotina. Niéspera. Nihilismo. "Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas."
Observo la cuadrícula que se extiende sobre mis ojos. Tres tangentes de 90º grados, casi perfectamente alineados; si no fuera por la ligera inclinación que supone estar siempre en el último piso. Hablando de angúlos, una punzada en el hígado me hace dar a mi foco de luciernaga un giro de unos 180 º. Así que acabaré escribiendo lo que no pensaba escribir. Para cuando acabé de escribir esto, probablemente esta sangre caliente se haya tempaldo. Eres bueno en eso, amigo. Quizás demasiado inocente, que tus actos son desintencionados...pero otras demasiado consciente como para cerrar los ojos hasta que mañana amanezca de nuevo. Chico listo...
Y saber, sin embargo que llegará un momento, en el que los cerrarás para siempre. En los que ninguna gota de agua volverá a recorrer tus labios. En los que no volverás a sentir la calidez de las sábanas cada mañana; o el frescor de ciertas gotas de lluvia. No volverás a sentir el calor de ningún cuerpo, los lunares o las arrugas que ensombrecen un rostro. No volverás a sentir tus aromas preferidos, ni la agradable sensación de tocar la hierba mojada con la punta de los dedos del pie. Llegará el día, porqué llegará, en el que no podrás volver a saborear la esencia de los mejores frutos maduros del verano, ni notar como se te estremecen los músculos cuando tu corazón empieza a latir fuerte y rápido, y gotas de sudor recorren tu frente y tu nuca. No volverás a pasar frío, y tampoco llorarás de nuevo. Dejarás de sentir la ira que te apuñala de frente, entre las costillas, ó el miedo que viene por detrás, como las ovejas negras. Nunca volverás a leer,tampoco, que la crueldad hacia otros ó uno mismo, es el placer más antiguo de la humanidad. O que, por otro lado, somos seres destinados biologicamente al bien, siempre y cuando no eduquemos mal nuestra voluntad con actos y habitudes. Piénsalo.
Y ahi estás ahora, con los ojos cerrados, la cabeza sobre la almohada y probablemente un brazo alargado. En unas horas, sonará la radio y te despertarás (7.15). Desayunando lo poco que te dé tiempo, irás al baño y saldrás de casa deprisa, corriendo y vestido; esperando que quizás hoy aguantes un poco más que ayer.
A veces creo con todo esto, que mis expectativas hacia a tí son aveces demasiado exigentes; y otras te taladro vivo con una gran carga de vesania, indignación, malogro, desilusión, afición, ternura; un cazo de incredulidad, escepticismo y un buen chorro de la botella de desequilibrio y titubeo que guardo en el armarito del cuarto de baño con una etiqueta roja.
Yo soy un cóndor y tu un gorrión, una rapaz diurna contra un ave paseriforme. Por un momento no he querido que leas esto, y quizás siga siendo ese momento. Hay veces, que yo también me canso de mis propias palabras, pero encuentro en ellas, igual que la mayor parte de escritores, poetas y amantes lectores, un lugar en el que covijarme y desahogarme.
Quizás sea muy vanidoso creer que es otra forma de ver la realidad, de ésta, mi vida. Sí, igual lo es. Pero, veo más allá de lo que leo o escribo, buscando sentido, sí, aveces a cosas que incluso ni la tienen. Pero es mi aspecto curioso de topo.
Cierra los ojos cuando el sol te dé en la cara directamente. No te pares a sentir el calor, y pasa tu mano delante de tus cerrados ojos... nuestro cerebro siempre tenderá a imaginarse figuras. Es una forma de buscar la realidad, o de darle sentido a ciertas cosas. Como cuando tu y yo, como tontos miramos las nubes esponjosas del cielo y descubrimos animales, qué quien sabe porqué, alguien puso ahí para que los vieramos. Sonrío pensando en la hoja con forma de corazón que encontre cuando salía de clase en los castaños. Supongo, que esto es lo mismo. No llegaría a ser completamente libre si no creyera en el poder de las palabras, y evidentemente en su uso. Sin embargo, soy consciente de que hay momentos en los que más valen hechos que palabras. Incluso a mí, aveces me entumecen los actos inesperados. Pero, cuando escribo, intento poner todo el cariño del mundo, dulzura, armonia y un poco de locura.
Me voy a pasar el finde semana comiendo pasta con salsa de setas y el paquete de palomitas que he metido en el bolso. Veré las cuatro películas recomendadas y me enfrascaré en prepararme la exposición sobre el sentido de la vida para el seminario de ética. Un bonito tema para aburrirse ó amargarse, si se mete uno demasiado en el asunto. Intentaremos buscar el equilibrio. Como siempre, en mi cuerda de funambulista, que esta noche, no sé porque razón, se ha vuelto naranja salmón. Una de cal, y otra de arena. Buenas noches. Un abrazo de los bonitos.
PD: Son las 0:42 de la noche. Llevo algo más de una hora escribiendo, enfrasquetada pero disfrutando tanto, que... he olvidado que yo, mañana, también me levanto a las 7.15... Tú, me dejastes a las 23.50 y no volvistes a mirar ni por casualidad por nuestra madriguera. Por suerte,para cuando caiga la noche habré vuelto a la ciudad, que siempre huele a mar.
Me acuesto sin reflejos en el pie derecho. Con humo saliendo por las orejas. Ojos huecos rojos. Y la boca seca. Entre la tristeza y el malhumor hay una delgada línea, casi tan delgada como la linea que separa mi amor del odio.
He metido tres camisetas en la maleta. Una de cada color que prefiero. He recogido las espinas del cactus seco del suelo. Puesto a cargar el cepillo de dientes y aclarado la cara con cloruro de aluminio. He apagado las luces y me he tumbado en la cama sobre tres cojines. Uno, por cada pata resquebrajada de mi mesa negra. He roto la etiqueta de la cortina del baño y agujereado el papel naranja que cada semana recojo al entrar a la universidad. Hoy era naranja, la semana pasada fue verde, así que la que viene será azul. Como odio el naranja. Nauseabundo. Necio. Nagual. Narizudo. Nastuerzo. Narcotizar. Nazi. Necrófilo. Negativo. Negar. Nerviosismo. Nicotina. Niéspera. Nihilismo. "Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas."
Observo la cuadrícula que se extiende sobre mis ojos. Tres tangentes de 90º grados, casi perfectamente alineados; si no fuera por la ligera inclinación que supone estar siempre en el último piso. Hablando de angúlos, una punzada en el hígado me hace dar a mi foco de luciernaga un giro de unos 180 º. Así que acabaré escribiendo lo que no pensaba escribir. Para cuando acabé de escribir esto, probablemente esta sangre caliente se haya tempaldo. Eres bueno en eso, amigo. Quizás demasiado inocente, que tus actos son desintencionados...pero otras demasiado consciente como para cerrar los ojos hasta que mañana amanezca de nuevo. Chico listo...
Y saber, sin embargo que llegará un momento, en el que los cerrarás para siempre. En los que ninguna gota de agua volverá a recorrer tus labios. En los que no volverás a sentir la calidez de las sábanas cada mañana; o el frescor de ciertas gotas de lluvia. No volverás a sentir el calor de ningún cuerpo, los lunares o las arrugas que ensombrecen un rostro. No volverás a sentir tus aromas preferidos, ni la agradable sensación de tocar la hierba mojada con la punta de los dedos del pie. Llegará el día, porqué llegará, en el que no podrás volver a saborear la esencia de los mejores frutos maduros del verano, ni notar como se te estremecen los músculos cuando tu corazón empieza a latir fuerte y rápido, y gotas de sudor recorren tu frente y tu nuca. No volverás a pasar frío, y tampoco llorarás de nuevo. Dejarás de sentir la ira que te apuñala de frente, entre las costillas, ó el miedo que viene por detrás, como las ovejas negras. Nunca volverás a leer,tampoco, que la crueldad hacia otros ó uno mismo, es el placer más antiguo de la humanidad. O que, por otro lado, somos seres destinados biologicamente al bien, siempre y cuando no eduquemos mal nuestra voluntad con actos y habitudes. Piénsalo.
Y ahi estás ahora, con los ojos cerrados, la cabeza sobre la almohada y probablemente un brazo alargado. En unas horas, sonará la radio y te despertarás (7.15). Desayunando lo poco que te dé tiempo, irás al baño y saldrás de casa deprisa, corriendo y vestido; esperando que quizás hoy aguantes un poco más que ayer.
A veces creo con todo esto, que mis expectativas hacia a tí son aveces demasiado exigentes; y otras te taladro vivo con una gran carga de vesania, indignación, malogro, desilusión, afición, ternura; un cazo de incredulidad, escepticismo y un buen chorro de la botella de desequilibrio y titubeo que guardo en el armarito del cuarto de baño con una etiqueta roja.
Yo soy un cóndor y tu un gorrión, una rapaz diurna contra un ave paseriforme. Por un momento no he querido que leas esto, y quizás siga siendo ese momento. Hay veces, que yo también me canso de mis propias palabras, pero encuentro en ellas, igual que la mayor parte de escritores, poetas y amantes lectores, un lugar en el que covijarme y desahogarme.
Quizás sea muy vanidoso creer que es otra forma de ver la realidad, de ésta, mi vida. Sí, igual lo es. Pero, veo más allá de lo que leo o escribo, buscando sentido, sí, aveces a cosas que incluso ni la tienen. Pero es mi aspecto curioso de topo.
Cierra los ojos cuando el sol te dé en la cara directamente. No te pares a sentir el calor, y pasa tu mano delante de tus cerrados ojos... nuestro cerebro siempre tenderá a imaginarse figuras. Es una forma de buscar la realidad, o de darle sentido a ciertas cosas. Como cuando tu y yo, como tontos miramos las nubes esponjosas del cielo y descubrimos animales, qué quien sabe porqué, alguien puso ahí para que los vieramos. Sonrío pensando en la hoja con forma de corazón que encontre cuando salía de clase en los castaños. Supongo, que esto es lo mismo. No llegaría a ser completamente libre si no creyera en el poder de las palabras, y evidentemente en su uso. Sin embargo, soy consciente de que hay momentos en los que más valen hechos que palabras. Incluso a mí, aveces me entumecen los actos inesperados. Pero, cuando escribo, intento poner todo el cariño del mundo, dulzura, armonia y un poco de locura.
Me voy a pasar el finde semana comiendo pasta con salsa de setas y el paquete de palomitas que he metido en el bolso. Veré las cuatro películas recomendadas y me enfrascaré en prepararme la exposición sobre el sentido de la vida para el seminario de ética. Un bonito tema para aburrirse ó amargarse, si se mete uno demasiado en el asunto. Intentaremos buscar el equilibrio. Como siempre, en mi cuerda de funambulista, que esta noche, no sé porque razón, se ha vuelto naranja salmón. Una de cal, y otra de arena. Buenas noches. Un abrazo de los bonitos.
PD: Son las 0:42 de la noche. Llevo algo más de una hora escribiendo, enfrasquetada pero disfrutando tanto, que... he olvidado que yo, mañana, también me levanto a las 7.15... Tú, me dejastes a las 23.50 y no volvistes a mirar ni por casualidad por nuestra madriguera. Por suerte,para cuando caiga la noche habré vuelto a la ciudad, que siempre huele a mar.
