Estación. Estoy. Estamos. Espero.

-Vivo en una esquina de una gran ciudad, y estoy cansada de sentime mal... no puedo adivinar en lo que me he equivocado. Me gusta estar sola, pero no me viene bien. Quise ser artista, y lo dejé pasar. Me miro en el espejo y pienso que estuve a punto de subir a el tren, ahora me doy cuenta de que nunca he estado viva. Demasiado me he alejado para regresar. Sueño con el día en que me iré a Paris, dejando todo y despertando allí. Estudio el modo de tomarme el tiempo libre que requiera el cambio. Tocando fondo espero en la estación, esperando que me devuelvan lo que yo misma me he negado...Y es que ahora ya, no lo voy a intentar, no me voy a arriesgar. No tengo quien esté a mi lado.-

Cap.-ucine



Una mujer. La estación está casi vacía, acaba de abrir sus puertas, los empleados del pequeño bar encienden la máquina de café. La mujer. De un lado es todo vidrio. Allá afuera se puede ver la avenida. La mujer está llorando. La mañana le invade los pies. Es una delgada línea de luz que gatea sobre su cuerpo. Digo: La mañana es una delgada línea de luz que gatea sobre su cuerpo. Va a llegar un tren en diez minutos. La voz que llama a embarcar, que anuncia el arribo, que informa. La mujer está llorando, sola. La acompaña una mochila verde con cintas negras que parecen estar todas enredadas. Llega el tren. Lo de los trenes es el problema: uno no va, lo van. Te llevan, no hay mucho que hacer. Por eso la mujer está llorando, sola, en la estación.
Las gotitas se abalanzan sobre las mejillas, forman una línea de agua, una coordenada que cambia la piel. El color de la piel.
El tren es como un pasaje, el movimiento como concepto, ir. Mantenerse en ir.
La mujer llora, pero no se deja terminar por la tristeza, ya lo ha aprendido: la vida se vence pero nada se ahoga en un tiempo vidrioso. Llora porque espera. ¿Por qué llorás mujer que estás sola en la estación? ¿También te diste cuenta de que todo pasa por la espera? La gente aparece a borbotones. La mujer se pregunta si alguien se puso a pensar. A lo mejor ya todos lo saben. La estación vive otra vez. Ojos que extrañan el sueño, analizan las pantallas, hombres que cargan maletines negros, mujeres.
Pero yo te veo, mujer que llorás. Vos también sabés que estoy acá, con el cigarrillo apagado. Yo pinto tus lágrimas, las sostengo, les doy vida. Estoy escuchando Embraceable you, el saxo nos está cubriendo, las notas, una a una, nos van bañando. Vos no lo sabés, pero lo sabés. Sé que me entenderías. La mujer está llorando, sola. Se fue porque todo quemaba. Ahora la distancia es un exacto vidrio que acerca todo, (¿el tiempo vidrioso?)
Empieza Blue in green y es como un abismo, un momento en el que parece que todo se cae, pero no se cae. La mujer saca un papel y un lápiz y bosqueja la entrada de la estación. Quizás llorás con esas líneas.
Tus ojos se han secado. ¿Qué significa esa puerta que dibujás? ¿El salto? ¿El pasaje? ¿Es verdad que bien adentro ya sabemos que no somos mucho más que esa planta, ese gato, vida que fluye?
La mujer se para y se sienta en otro lugar. Su mundo es una ausencia, un rostro que no la suelta, un rostro que bien podría ser el de ella. La mujer guarda todo en la mochila y se va hacia la plataforma cinco. El tren se la va a llevar. Qué extraño esto de sentirse llevado y a la vez decidir a dónde ir. Tu dibujo lo termino yo, mujer que estás llorando, sola, en la estación.

hemangalli. 

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