Invítame a sonreir, yo pago

Somos la hora, que desprendió el entonces, y cada día corre buscando aniversario
Cantos revisitados, de Neruda

Doscientos cuarenta y nueve besos, diecisiete golpes en el corazón, noventa y ocho lágrimas y ciento setenta y tres abrazos.

Unas palabras que se evaporan en el aire y una fotogragía manchada de café es lo que a veces queda depués de todo. Unos calcetines rotos a base de mordiscos que guardo en la guantera del coche para que me recuerden que en algún lugar me esperan.
Un ambientador olor a vainilla y a limón, para recordarme que quisistes que los mejores recuerdos, fueran los que no nos hemos inventado. 
Un cuadro de papel con la apacible cara de Siddharta Gautama, para abrazarme a las noches y darme los buenos días. 

En ocasiones, como ésta, siento que no puedo avanzar si tu no estas aquí. Por eso, decidí que la mejor manera de poder caminar sin piedras en los zapatos, era quitándomelos. Pensé que quizás andar descalza me haría más fuerte, que quizás desaparecerían los dolores. Pero como no soy sabia, como no guardo un topacio debajo de mi almohada cada noche, quizás me equivoque. De nuevo. Otra vez. Una vez más. 

Capuccine

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