Hablando de heroínas...
El olvido está lleno de memoria,
le dijo una noche Benedetti,
en un bar perdido en una de tantas esquinas de París,
a dónde solía dirigirse,
para esconderse en el silencio que esconden otros tiempos,
otros años,
que viajan a un futuro, que les lleva a ninguna parte.
Allí, le habló de princesas desdichadas,
y poetas que pactaban con el desamor,
para no sentirse nunca solos,
entre faldas, besos borrachos y abrazos vacíos.
Allí, le prometió amor eterno a sus versos,
y le suplicó que sacara sus mejores sonrisas,
de esa cara,
que es la boca de unos ojos libres de miedo.
Allí, le habló de esas personas que sufren,
y de la naturaleza efímera,
de la causa de sus lagrímas.
Le habló, de las personas que brillan,
como brillan las estrellas,
en esas noches de verano,
sobre la arena que recoge los pedacitos de un primer amor.
Le habló de esas personas,
que se echan de menos,
cuando sólo quieres estar solo.
Porque todos tenemos a alquien en quien pensar,
a quien querer,
cuando no hay ganas,
ni fuerzas para sostener caretas.
Esa persona, que nos anestesia con abrazos,
tan llenos,
tan enteros,
como el viento que juega con las puntas de su pelo,
a unos centímetros de distancia,
que a veces,
se cuentan por kilómetros.
Y yo me pregunto en quién pensaras tú,
cuando me leas, si acaso me lees,
como te leo yo,
aunque no sobre letras,
si no en cada beso que me pierdo, adrede,
o que pierdes tú, sin quererlo, queriendo.

