Toi
Los pies reclinados, y tocando el suelo de mármol, construyo un filmógrafo en mi cabeza. Recuerdo el olor a frambuesa de aquellas sábanas y el calor que deja el sol de madrugada.
He visto muchas cosas a lo largo de mi vida, algunas peores que otras; pero me quedo tanto con las que me han hecho llorar como si Circe hubiera plantado un sauce llorón a mis pies, como las que me han hecho sonreir y sentirme como Afrodita en Atenea. Mi corazón a latido de manera continuada, bombeando 5 litros de sangre. Aurícula-ventrículo-aorta. Y vuelta a empezar. Y no se aburre, fijáte.
Siempre lo mismo, hasta que ya no quede nada, ni nadie. Y para entonces. Chau.
He sufrido naúseas, arritmeas, soplos, colapsos y lentos centrifugados.
Y sin embargo, ahí estas tú ahora, en esa cocina tomando café apoyado en la marquesina, mirando por la ventana. Tienes el pelo despeinado y unas zapatillas negras desilachadas de andar por casa...Sabes que tengo esa manía...
Me quedo mirándote desde la puerta. Te quiero. Te quiero como nunca había querido a nadie, de forma violenta, apasionada, obsesiva, cautelosa y solidaria.
Me alegro de haberte podido conocer, y es que por un momento, cada vez que te observo, creo ver al hombre de mi completa existencia. De ésta vida. Me acuerdo de todos y de cada uno, dossiers guardador en un cajón archivado; algunos en borradores, en carpetas rotas, y otros en testamentos y contratos olvidados. Sin olvidar, aquellos que fueron directamente a la maquina-come-papeles.
Me invade una profunda sensacion de dulzura, al pensar, que no te cambiaría por nadie, que eres perfecto incluso con ése caracter, con esa manía de dejar tus huellas dactilares en los espejos, la manía de andar siempre con los mismos zapatos marrones y esas horribles gafas que usas de vez en cuando. Por no hablar, del charco de agua que dejas al ducharte y de las huellas al andar por el pasillo...
Me acerco tambaleante y silenciosa, como una gacela acechando a un colibrí, y me apoyo sobre tu espalda, rodeada a tu cintura. No hacen falta palabras. Sonries y me agarras de la mano de forma sinuosa. Pienso en lo que esperé y en lo que obtuve, mientras observamos el horizonte de la ciudad que a cambio de no oler nunca a mar, siempre está iluminada. No puedo evitar cerrar los ojos, sonreir y respirar profundamente...
Soy como tu guitarra, o tus pinceles de Van Gogh; aunque admito que aveces les tengo envidia. Como esas acuarelas que te regaló tu abuelo.
Me abrazas y me dejo caer sobre las notas, andando sobre las rítmicas cuerdas de nailon. Me gustaron siempre tus manos, quizás porque sabes hacer arte, y hacerme sentir como las notas del pentagrama o un cuadro de Chagall.
Nosé que piensas, ni me hace falta. Entrelazas tus dedos con los míos y pones el viejo radiocasett de Jazz. Bailamos, sobre cristales de cuarzo, donde el viento es aire luminoso que no deja ver más allá.
El saxofón y el piano de ese grupo de americanos negros con boina de cuadros mueve las nubes blancas y trae aveces tormentas.
Pero me da igual, nos da igual. Yo sigo bailando, sobre los charcos. Y es que, bailar bajo la lluvia es lo mejor que sabemos hacer. Me quieres y te quiero.
El que tiene un porqué para vivir puede hacer frente a cualquier cómo.
Quién fuera esos dos locos enamorados y un vals en una risueña cocina acristalda, con vistas a la ville des amoureux.
Capucine
