Gritos
Empecé a correr, como si no me hubiera dejado nada importante atrás. No quise que nadie me viera, así que me tapé la cara con la capucha esperando lo predecible. Empecé a llorar. Corrí por el pasillo y toqué la puerta de la que es mi mejor amiga.
Tengo suerte de tenerla tan cerca, a unos centimetros de pared cada día. A veces, con nuestros problemas, con nuestras desganas y contestaciones pasivas. Pero está ahí.
Levanto la mirada cuando abre la puerta y me abraza hacia dentro de la habitación. Tan sólo puedo sollozar unas palabras. No tenía hambre, pero me hizo un consomé al microondas como me hacía mi madre. Me siento mal. Me temblaban las piernas por todas esas sensaciones.
En esa mierda de office de un quinto piso sentada yo sobre el suelo y apoyada contra el máldito frigorifico. Tengo ganas de gritar -Ven- pero el sólo recuerdo de saber lo que me ha hecho me hace recobrar la compostura y mantenerme en esa decisión; pero acto seguido rompo en llanto. Me pongo a llorar sobre la bata azul de mi hermano con los calcetines como zapatillas...
No, me estaba mintiendo. Me había estado mintiendo. Me mentía, y... ya no me creía ni a mi misma. Estaba la calefacción puesta y sentía escalofrios, como ahora. En realidad gran parte de las cosas ha sido culpa mía...
Te quiero, pero incluso tú me haces quererme un poco menos, y yo, necesito enamorarme. Primero, de mí misma, y después de alguien que me haga enamorarme de mí y entonces me enamoraré de él.
Tengo suerte de tenerla tan cerca, a unos centimetros de pared cada día. A veces, con nuestros problemas, con nuestras desganas y contestaciones pasivas. Pero está ahí.
Levanto la mirada cuando abre la puerta y me abraza hacia dentro de la habitación. Tan sólo puedo sollozar unas palabras. No tenía hambre, pero me hizo un consomé al microondas como me hacía mi madre. Me siento mal. Me temblaban las piernas por todas esas sensaciones.
En esa mierda de office de un quinto piso sentada yo sobre el suelo y apoyada contra el máldito frigorifico. Tengo ganas de gritar -Ven- pero el sólo recuerdo de saber lo que me ha hecho me hace recobrar la compostura y mantenerme en esa decisión; pero acto seguido rompo en llanto. Me pongo a llorar sobre la bata azul de mi hermano con los calcetines como zapatillas...
No, me estaba mintiendo. Me había estado mintiendo. Me mentía, y... ya no me creía ni a mi misma. Estaba la calefacción puesta y sentía escalofrios, como ahora. En realidad gran parte de las cosas ha sido culpa mía...
Te quiero, pero incluso tú me haces quererme un poco menos, y yo, necesito enamorarme. Primero, de mí misma, y después de alguien que me haga enamorarme de mí y entonces me enamoraré de él.

