Mi querido Grillo...
Me he pasado los días de verano durmiendo y las noches soñando.
Suena música para lamentarse, mientras las tazas de té que había preparado se enfrían, y los claveles que había dejado bajo la mesa se marchitan. Las cartas escritas a mano se revuelven bajo la almohada, intentando sobrellevar el peso de las palabras...
He perdido la noción del tiempo, de esos atardeceres entre humo rosa. Sin embargo, no me siento del todo mal... quizás todo lo contrario. Mi reloj se ha parado, intentando disfrutar de este momento. Mi Pepito Grillo ya no se revela a medianoche para darle cuerda. Con su sombrerito negro y su bastón marrón.
Podría negar ciertas canciones por las que salí a correr bajo la lluvia, intentando tapar ese ochenta y cinco por ciento de agua, bañado por glucosa, proteínas, sodio potadio y un poco de dolor que intenta salir del cuerpo.
Ayer reí, como la vez que cantaron en francés roto, a las 5.00 de la mañana...Óleo negro sobre papel maché arrugado y viejo.
Hoy, sonrío a solas como entre esas cuatro paredes con vistas a mi deshabitada calle en las noches de Enero.
Del rojo he cambiado al verde botella. Odio el verde-violeta. Tengo un zapatito de cristal, que está al límite de atreverse a soñar, esperando quemarse en el volcán de tu vientre y ahogarse en el mar de tu saliva.
Disfruto, me gusta, y aquí que sigo soñando. Soñar y desear, atreviéndome a transformar todo aquello que nos posee.
Hoy seré tan valiente, como cuando cantaba "Moon river" sobre una escalinata de hierro, detrás de aquellas bambalinas de papel, que se deshacían cada vez que Pepito Grillo daba cuerda a mi reloj de arena, cuando marcaba las 00.00.
Suena música para lamentarse, mientras las tazas de té que había preparado se enfrían, y los claveles que había dejado bajo la mesa se marchitan. Las cartas escritas a mano se revuelven bajo la almohada, intentando sobrellevar el peso de las palabras...
He perdido la noción del tiempo, de esos atardeceres entre humo rosa. Sin embargo, no me siento del todo mal... quizás todo lo contrario. Mi reloj se ha parado, intentando disfrutar de este momento. Mi Pepito Grillo ya no se revela a medianoche para darle cuerda. Con su sombrerito negro y su bastón marrón.
Podría negar ciertas canciones por las que salí a correr bajo la lluvia, intentando tapar ese ochenta y cinco por ciento de agua, bañado por glucosa, proteínas, sodio potadio y un poco de dolor que intenta salir del cuerpo.
Ayer reí, como la vez que cantaron en francés roto, a las 5.00 de la mañana...Óleo negro sobre papel maché arrugado y viejo.
Hoy, sonrío a solas como entre esas cuatro paredes con vistas a mi deshabitada calle en las noches de Enero.
Del rojo he cambiado al verde botella. Odio el verde-violeta. Tengo un zapatito de cristal, que está al límite de atreverse a soñar, esperando quemarse en el volcán de tu vientre y ahogarse en el mar de tu saliva.
Disfruto, me gusta, y aquí que sigo soñando. Soñar y desear, atreviéndome a transformar todo aquello que nos posee.
Hoy seré tan valiente, como cuando cantaba "Moon river" sobre una escalinata de hierro, detrás de aquellas bambalinas de papel, que se deshacían cada vez que Pepito Grillo daba cuerda a mi reloj de arena, cuando marcaba las 00.00.
