Mis 18 Otoños, los cuento con los dedos de una mano

Hoy estoy triste,
y no hace falta decirlo.
Los pelos del brazo se han convertido en espinas,
las pupilas se han convertido en el agujero negro de mi universo,
la lengua se ha paralizado detrás de los dientes.
El amanecer me ha encerrado consigo,
sola,
en una habitación llena de pretextos,
en una ciudad llena de rencores.

Pero sonreiría por ti, por ese Jean al que espero todos los días en la estación de Montmatre, 
aunque el frio queme, aunque la soledad apriete.


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