La gata
Me acurruqué cada noche en tu regazo
sin que tu lo supieras,
igual que las olas desgastan la costa,
sin saberlo.
Y así, sin darme cuenta,
empezaría un día como ayer,
a echarte de menos.
Caminé muchos años de puntillas sobre el pasillo,
Por miedo a ser descubierta,
por miedo a que sin saberlo,
tiraras la colilla del cenicero en la que yo me escondía
para que me echaras a volar por tu boca.
Y así fue,
como empecé a entrar en tu vida,
en esa que no deja de ser mía,
porque mios son cada uno de los segundos que respiras.
Cogí el coche en Charles De Gaulle
Y me dirigí hacia el sur
intentando, no tanto perder el norte,
si no con la idea de perderte a tí.
Perderte para poder volver a encontrarte,
entre mis letras, entre mis libros,
que una vez, fueron también tuyos.
Y así se me pasan los dias,
entre clavículas y sonetos,
resguardándome de una lluvía que cae,
pero no moja.

