Mi último café

Dejé de esperar al metro de la línea 2 dónde coincidía siempre contigo. Donde me enamoré antes incluso de dirigirte la mirada. Me puse a andar por la Avenida, sintiéndome descalza sin tí. Dejaste de escribir para mí, dejándome estrellada en un cajón. No sabría decir en qué momento mis sonrisas dejaron de ser mías, en qué momento dejaste de pertenecerme. Me agotaste el aliento cada madrugada, me robaste lo que era sin tí, como el humo del cigarrillo que nunca regresa, como la clara de huevo que no se recompone. Sí, igual que las gaviotas que se adentran en el mar, igual que los peces que flotan en la orilla.
Y ahora, sentada sobre las plumas que dejaste volar sobre mi almohada, vuelvo a esa que fuí contigo, una vez más, sí, pero esta vez es para abrirme la cicatriz de mi clavícula, para desangrarme y descoserme tus besos. Para echarme cien gramos de bicarbonato sobre las heridas, y poder desacerme de tus tacones preferidos.
Dejé de ser sin tí, y yo dejé de ser por tí.
