Te declaro

El tiempo, pasa 
como pasaron nuestros amaneceres
Como terminamos con las sábanas y los cafés de la mañana.
Te recuerdo, con la mirada perdida en un punto, 
alejándote de mí, 
caminando sobre la arena, 
con los puños encerrando los besos de madrugada. 

Y yo, te miraba, con unos ojos que no mojan, 
esperando que tus manos se abrieran, 
esperando que el viento dejase de soplar. 
Pero tu nunca volviste, 
nunca volviste a abrir las manos, 
nunca volvimos a recuperar los cafés,
las viejas sábanas. 

Me quedé como estaba, 
empezando de nuevo, 
dialogando con mi reflejo en el cristal, 
esperando respuestas, 
escudándome en silencios. 

Y ahora, sé, que es inútil cortarme los lazos, 
como venas que llevan mi odio.
Y es  que siempre quedaré yo 
para recordarnos, 
aunque ya no me pienses, 
aunque las copas se rompan. 

Pero los golpes me acabarán enseñando 
que  los días son la vaselina, 
el resultado de la indiferencia 
y el abismo que dormía a mi lado. 
Con el tiempo, caminaré por la vida, 
sin riesgos, sin  partidas de poker,
Sin apostar mi corazón, 
dependiendo de la cafeína, 
como un día dependí de tí. 

Con el tiempo escribiré mis miedos,
quemaré tus fotografias, 
para que sientas que me olvido, 
mientras te abrazan otros brazos,
mientras duermes sobre otro pecho. 
Y entonces, me llorarás 
y volverá a caer la lagrima que me dejaste sobre la almohada 
una tarde de un sábado de invierno. 
Y te preguntarás qué será de mí, 
que pasó por mi mente, 
que dejé en la Tierra. 
Y una noche en sueños, 
te diré que te quise, 
te diré que nunca fue odio lo que escupí en la bañera, 
te diré que ya estoy muerta. 
Porque nunca volveré, 
Como tu nunca volviste 
y habré tirado tus flechas al mar, 
Como habré tirado tus cuentos, 
habré tirado tus promesas. 
Te declaro la guerra, Amor. 

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