Esferas.
Es maravilloso, despertarme y acariar tu cara recién afeitada, acercarme a tu cuello y besarte con mi naríz mientras me invade tu olor de madrugada. Recojer mis fríos pies y abrigarlos entre tus piernas. Y pienso, mientras me quedo dormida con los ojos abiertos, en cómo podría vivir sin tí; porque echaría de menos verte lavarte los dientes, ver cómo callas con la mirada cuando tienes miedo, o cómo enciendes las últimas velas de la habitación.
Porque, mi vida se mide con las veces que gritas que me quieres y mi reloj se para cuando te pierdes entre mi pelo. Las hojas cambian de color cuando vienes a recojerme y me invitas a salir. En ese momento, también desaparecen los insectos tierra adentro, por un instante por siempre.
Nadie se atreve a arrebatarnos lo que es nuestro, a aproximarse cuando nos tenemos, sin embargo, la nieve comienza a cuajar cuando no te tengo. Y pese a todo, me bebo los restos de anís de esa noche en la que las fotografías se mancharon de café, la noche en la que los cristales y los jarrones, se rompieron para siempre.
Porque, mi vida se mide con las veces que gritas que me quieres y mi reloj se para cuando te pierdes entre mi pelo. Las hojas cambian de color cuando vienes a recojerme y me invitas a salir. En ese momento, también desaparecen los insectos tierra adentro, por un instante por siempre.
Nadie se atreve a arrebatarnos lo que es nuestro, a aproximarse cuando nos tenemos, sin embargo, la nieve comienza a cuajar cuando no te tengo. Y pese a todo, me bebo los restos de anís de esa noche en la que las fotografías se mancharon de café, la noche en la que los cristales y los jarrones, se rompieron para siempre.

