Mi vida, sin mi.

Una vez satisfecha su pasión, todo amante experimenta un especial desengaño: se asombra de que el objeto de tantos deseos apasionados no te proporcione mas que un placer efímero, seguido de un rápido desencanto. En efecto, ese deseo es a los otros deseos que agitan el corazón del hombre como la especie es al individuo, como el infinito es a lo finito. Solo la especie se aprovecha de la satisfacción de ese deseo, pero el individuo no tiene conciencia de ello, todos los sacrificios que ha impuesto, impulsado por el genio de la especie, han servido para un fin que no es el suyo propio. Por eso todo amante, una vez realizada la grande obra de la naturaleza, se llama engaño; porque la ilusión que le hacia la victima de la especie se ha desvanecido.

La experiencia no es nunca limitada, y no es jamás completa; es una sensibilidad inmensa, una especie de enorme tela de araña, de los mas filos hilos de seda, suspendida en la cámara de la conciencia y que capta en su tejido todas las partículas llevadas por el aire.

“...preguntad a esta hoja si era su deseo caer de la rama, o a la piedra si por su voluntad se desprendió de la roca, o al lagarto si deseaba verse bajo la piedra. Llego el tiempo y la hoja ha caído, y el lagarto no volverá a escuchar vuestras palabras.”





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