...
El cielo llora.
Avanzaba a paso apresurado, como siempre, cuando voy sola. No tenía paraguas, no tenía modo alguno de cubrirme, pero no podía perder aquel autobus...Qué ironía.
Me pasé un tiempo en la parada mirando el chaparrón, con los brazos entrecruzados en el pecho mientras sostenía una carpeta azul y me caían las gotas que arrastraba mi pelo, sobre la cara,dibujando una sonrisa que nunca puse. Los coches, iban y venían y los zapatos se me mojaban de lágrimas.
Tenía los ojos perdidos, quizás por la lluvía, quizás porque el cielo estaba encapotado, oscuro y triste, quizás por osmosis entonces, o quizás por simbiosis con el cielo. Estaba perdida, pero quizás, sea cierto lo que dicen y hay que perderse un rato, aveces, para poder encontrarse otras.
Pensé, que era como las graminias. Como el trigo a decir más. Áspera, pero con un resultado más esponjoso de lo que podía incluso yo misma imaginar. Sin embargo, al pasar el río más vale la cuerda que el trigo...
Una cuerda, cuántas veces la habré necesitado. Estaba a punto de decir que nunca suelo reincidir en lo mismo, pero, es mentira... no dejo más que recalcarme mi vida. Soy dificil aveces, pero voy aprendiendo. Tengo la conciencia ausente, y la ausencia constante. Tengo la sangre negro cangrena, los pies hinchados y las manos amoratadas. La ropa raída y las gafas rotas.
Llega, alcanzo la entrada con la cabeza gacha y las manos mojadas. Agarrada a uno de los barrotes, estaba ensimismada en la gente. El autobús pegaba frenazos, de vez en cuando. La avenida estaba repleta y los bordes de la carretera llenos de agua; agua que empapaba a los transeúntes. Pensé entonces que quizas necesitarían un sistema de alcantarillas mejor...
Fue en ese momento, cuando miré a mi alrededor, y me dí cuenta de que yo era un apice de vida en ese autobus, como cada uno de nosotros. Nosé porque, se me calmó la existencia. Estaba viva, como ellos, aquel autobús estaba lleno de vida. Quizás vida penosa, desagradable, amarga o ardúa pero...estabamos vivos. ¿Porqué? No lo sé. Había pasado de un materialismo existencial a una conciendia de alma profunda. A un reencuentro con mi conciencia de ser. Parecía que me habían taladrado el cerebro, pero de repente, me sorprendió todo esto. Tenía ganas de sonreir. Menudas estupideces, o ¡qué demonios! Casi ni recuerdo haberme bajado del autobús, si no fuera porque una mujer me cogió del brazo y me metió debajo de su paraguas. Nos pasamos unos 20 minutos andando, y ni siquiera supe su nombre hasta llegar a la Plaza, dónde nos separamos. Hablamos durante 15 minutos. Bueno, a decir verdad, ella habló la mayor parte del tiempo. Tenía un hijo bastante problemático al que iba a solucionarle los problemas. Una vez me dijeron que la gente no se encuentra por casualidad... y ella, me dijo lo mismo. Fueron 5 palabras que salieron como una rafaga de viento, pero las que me sumieron en una profunda e independiente reflexión...
Nosé si fue casualidad o no, nosé si alguien la pusó allí para que no me cogiera el chaparrón, o si por otro lado, alguien me puso a mí allí para aliviarle las penas. ¡Qué se yo!
En cuanto subí a mi habitación, me pegue una ducha caliente. Casi entro en un estado de coma , y poco me faltó para levitar debajo del agua. Porqué estaba yo aquí y ahora. Porqué este presente.
Cerré el grifo de agua caliente y puse mis pies sobre la alfombrilla roja. Como siempre, todo lleno de vapor y con el cristal empañado. Me miré en el espejo durante largo rato, aquel si que estaba siendo un día raro... por un momento, sentí miedo. Miedo a morir, a desaparecer algún día. A no saber a dónde ir, a dejar de sentir, a dejar de vivir. Por un momento, sentí miedo de no volver a encontrarme con la gente que quiero, de no ser nada. No quiero que nadie desaparezca de mi vida sin decirme a dónde van... Ya sé que me dijistes que le habías perdido miedo a la muerte; pero... no quiero creer que te equivocas... Porque... tambien quiero volver a encontrarme contigo. De otro modo, en otra vida y con otra forma, pero necesito volver a sentir lo que se siente cuando crees haber conocido a una persona a la que no conoces...o quizas si, benditos maestros.
No me quiero ir.
Avanzaba a paso apresurado, como siempre, cuando voy sola. No tenía paraguas, no tenía modo alguno de cubrirme, pero no podía perder aquel autobus...Qué ironía.
Me pasé un tiempo en la parada mirando el chaparrón, con los brazos entrecruzados en el pecho mientras sostenía una carpeta azul y me caían las gotas que arrastraba mi pelo, sobre la cara,dibujando una sonrisa que nunca puse. Los coches, iban y venían y los zapatos se me mojaban de lágrimas.
Tenía los ojos perdidos, quizás por la lluvía, quizás porque el cielo estaba encapotado, oscuro y triste, quizás por osmosis entonces, o quizás por simbiosis con el cielo. Estaba perdida, pero quizás, sea cierto lo que dicen y hay que perderse un rato, aveces, para poder encontrarse otras.
Pensé, que era como las graminias. Como el trigo a decir más. Áspera, pero con un resultado más esponjoso de lo que podía incluso yo misma imaginar. Sin embargo, al pasar el río más vale la cuerda que el trigo...
Una cuerda, cuántas veces la habré necesitado. Estaba a punto de decir que nunca suelo reincidir en lo mismo, pero, es mentira... no dejo más que recalcarme mi vida. Soy dificil aveces, pero voy aprendiendo. Tengo la conciencia ausente, y la ausencia constante. Tengo la sangre negro cangrena, los pies hinchados y las manos amoratadas. La ropa raída y las gafas rotas.
Llega, alcanzo la entrada con la cabeza gacha y las manos mojadas. Agarrada a uno de los barrotes, estaba ensimismada en la gente. El autobús pegaba frenazos, de vez en cuando. La avenida estaba repleta y los bordes de la carretera llenos de agua; agua que empapaba a los transeúntes. Pensé entonces que quizas necesitarían un sistema de alcantarillas mejor...
Fue en ese momento, cuando miré a mi alrededor, y me dí cuenta de que yo era un apice de vida en ese autobus, como cada uno de nosotros. Nosé porque, se me calmó la existencia. Estaba viva, como ellos, aquel autobús estaba lleno de vida. Quizás vida penosa, desagradable, amarga o ardúa pero...estabamos vivos. ¿Porqué? No lo sé. Había pasado de un materialismo existencial a una conciendia de alma profunda. A un reencuentro con mi conciencia de ser. Parecía que me habían taladrado el cerebro, pero de repente, me sorprendió todo esto. Tenía ganas de sonreir. Menudas estupideces, o ¡qué demonios! Casi ni recuerdo haberme bajado del autobús, si no fuera porque una mujer me cogió del brazo y me metió debajo de su paraguas. Nos pasamos unos 20 minutos andando, y ni siquiera supe su nombre hasta llegar a la Plaza, dónde nos separamos. Hablamos durante 15 minutos. Bueno, a decir verdad, ella habló la mayor parte del tiempo. Tenía un hijo bastante problemático al que iba a solucionarle los problemas. Una vez me dijeron que la gente no se encuentra por casualidad... y ella, me dijo lo mismo. Fueron 5 palabras que salieron como una rafaga de viento, pero las que me sumieron en una profunda e independiente reflexión...
Nosé si fue casualidad o no, nosé si alguien la pusó allí para que no me cogiera el chaparrón, o si por otro lado, alguien me puso a mí allí para aliviarle las penas. ¡Qué se yo!
En cuanto subí a mi habitación, me pegue una ducha caliente. Casi entro en un estado de coma , y poco me faltó para levitar debajo del agua. Porqué estaba yo aquí y ahora. Porqué este presente.
Cerré el grifo de agua caliente y puse mis pies sobre la alfombrilla roja. Como siempre, todo lleno de vapor y con el cristal empañado. Me miré en el espejo durante largo rato, aquel si que estaba siendo un día raro... por un momento, sentí miedo. Miedo a morir, a desaparecer algún día. A no saber a dónde ir, a dejar de sentir, a dejar de vivir. Por un momento, sentí miedo de no volver a encontrarme con la gente que quiero, de no ser nada. No quiero que nadie desaparezca de mi vida sin decirme a dónde van... Ya sé que me dijistes que le habías perdido miedo a la muerte; pero... no quiero creer que te equivocas... Porque... tambien quiero volver a encontrarme contigo. De otro modo, en otra vida y con otra forma, pero necesito volver a sentir lo que se siente cuando crees haber conocido a una persona a la que no conoces...o quizas si, benditos maestros.
No me quiero ir.
