Capítulo VI
Ha pasado mucho tiempo.
Y ahora, llevo varios días mirando mi vida desde la distancia, como si se tratara de un cuadro que alguien que no soy yo hubiera pintado. Víctima de las circunstancias.
En ocasiones como ésta, acabo encontrándome siempre en una vida infestada de cosas que desconozco y que se me rompen entre las manos. Sólo me queda sentir una adorada sumisión. Una extraña sensación de paz que esconde la realidad detrás de sí. Parezco un peón en un tablero que cree decidir sobre lo que le rodea, inclusive sobre sí misma.
A veces también me encuentro con la parte más oscura de nosotros mismos. La ambivalencia del querer vivirlo todo con el miedo a equivocarse, mientras arrastramos un conjunto de huesos engarzados a una piel que nos separa de todo, y de todos. No sé exactamente quien soy ahora, porque mi vida no deja de desplegarse continuamente en el aquí y en el ahora, y a veces desdibujo los trazos que he ido dando.
La Tierra ha dado 24 vueltas al sol desde que llegué aquí. Lo que equivale a 287 meses, 1252 semanas, 8766 días, 210.384 horas y 757384538 segundos. Y sin embargo me resulta poco. El tiempo sólo es la forma que tenemos de medir el movimiento, y la vida un juego que nos lleva a ninguna parte. O quizás el universo descubriéndose a sí mismo, como diría Carl Sagan. Y en toda esta maraña vamos navegando tratando de descubrirnos, o quizás de construirnos. Que no es lo mismo.
Como diría el cuento, el problema es que nosotros no somos los arboles, el problema es que nosotros somos las hojas.
Y no me quiero ir.
Y ahora, llevo varios días mirando mi vida desde la distancia, como si se tratara de un cuadro que alguien que no soy yo hubiera pintado. Víctima de las circunstancias.
En ocasiones como ésta, acabo encontrándome siempre en una vida infestada de cosas que desconozco y que se me rompen entre las manos. Sólo me queda sentir una adorada sumisión. Una extraña sensación de paz que esconde la realidad detrás de sí. Parezco un peón en un tablero que cree decidir sobre lo que le rodea, inclusive sobre sí misma.
A veces también me encuentro con la parte más oscura de nosotros mismos. La ambivalencia del querer vivirlo todo con el miedo a equivocarse, mientras arrastramos un conjunto de huesos engarzados a una piel que nos separa de todo, y de todos. No sé exactamente quien soy ahora, porque mi vida no deja de desplegarse continuamente en el aquí y en el ahora, y a veces desdibujo los trazos que he ido dando.
La Tierra ha dado 24 vueltas al sol desde que llegué aquí. Lo que equivale a 287 meses, 1252 semanas, 8766 días, 210.384 horas y 757384538 segundos. Y sin embargo me resulta poco. El tiempo sólo es la forma que tenemos de medir el movimiento, y la vida un juego que nos lleva a ninguna parte. O quizás el universo descubriéndose a sí mismo, como diría Carl Sagan. Y en toda esta maraña vamos navegando tratando de descubrirnos, o quizás de construirnos. Que no es lo mismo.
Como diría el cuento, el problema es que nosotros no somos los arboles, el problema es que nosotros somos las hojas.
Y no me quiero ir.

