Dia 2




Todavía respira.
Como si coger aire no exigiese devolvérselo a alguien que no parará el viento.
Y calla a patadas los golpes que le da una puta, que algún día sonreirá de todo esto.
Qué bonita que es la vida.
Y qué zorra.
Mantiene con pulso la droga entre las manos.
Que morirse es lo más sano que se puede hacer para cenar.
Que la televisión no se oye.
O que todos hablan un idioma, pactado en alguna reunión de vecinos,
que le pilló haciendo el amor.
Y así con la boca manchada de beso de despedida, despide algún
abrazó que nunca echó en falta caricias.
Y vuelve a tapar el techo. Con la delicadeza de un padre que salva la historia a su hijo, de un monstruo disfrazado de futuro, que viene cargado de armas de flores. Pero armas al fin y al cabo.
Y se desarma.
Y como quien apaga la luz
se besa la ansiedad
y se duerme.

El sexo de la risa.

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