Noche.



Se levantaba cada día sin esperar nada a cambio,
Por eso, de que dijeran que era la chica más triste del parque del Retiro. 
Arrastraba los pies, 
Intentando ser perseguida, 
Intentando dejar huellas con sus pequeños zapatos negros, 
Siempre negros, 
Como ese lapiz, 
Que nunca más se atrevería a dibujar sus ojos negros. 
Unos ojos, como los que cantaban Duchan Du, 
Que un día, de la nada, sin nada, y por nadie, 
Brillaron como brillan las personas que en el fondo, 
Vinieron a este mundo, siendo estrellas, 
Fugaces, quizás, 
Algo desbalanceadas, 
Sin quilibrio, 
Rozando el caos. 

Esta noche, 
Es una noche igual de negra, 
Que sólo se entiende con dos copas de más, 
Brindando por las personas que han bebido un mar de malos tragos, 
Y se mantienen aunque el viento sople en contra. 

Tumbada sobre una cama demasiado limpia, 
Desmasiado desnuda, 
Demasiado sola, 
Queriendose a medias, 
Olvidándose del todo. 
Como una idiota, 
Que espera despejar todas sus dudas. 
Sabiendo, a tres cuartos, 
Que es esclava de una obsesión. 
Una obsesión que la está matando por dentro,
y también por fuera.

Pero sabe,
que dejará de amar,
el día que no sepa como mantenerse en sueños,
a las 7 de la mañana,
a las 12 del mediodía,
o a las 5 de la tarde.
El día que se olvide de qué se siente,
cuando aún no quieres acabar de morirte,
cuando deje de sentir que sus músculos se contraen por alguien,
sin razón.

Y hablando de sin razones,
me he dejado un puñado de explicaciones,
guardadas en el horno,
y creo que ya va siendo hora de que te vengas a comernos los pretextos.







Entradas populares