Cuando dejarse la piel, no es suficiente.

Dominar el futuro, saber lo que va a pasar, huir de las casualidades, someter al destino. Me consuela pensar que todo esto es más sencillo cuando controlas las pequeñas decisiones de cada día. Cuando las conviertes en una rutina. Pero si no podemos controlar nuestro futuro, al menos nos queda el consuelo de intentar predecirlo. Supongo que la cuestión es sentirnos un poco más seguros. Que alguien nos diga, aunque sea desde unas líneas impresas en papel reciclado, que todo va a salir bien, que nuestros proyectos van a cumplirse, que hoy puede ser un gran día: nuestro día de suerte - Somos frágiles, todos necesitamos algo-.

Estar sólo, no siempre es un estado. También es una sensación. Es como llevar unos zapatos que te duelen pero con los que sigues caminando. Saborear la sensación de estar llegando a  un punto de -no retorno- mientras no para de llover y no consigues abrir el paraguas de las oportunidades.
A veces estamos solos por cobardes, por hipócritas, por idiotas... y no es suficiente dejarse la piel en el intento. No es suficiente intentar convencerse de lo caros que son esos zapatos, ni de lo bonitos que son... porque, si el corazón no se te acelera, es que algo estás haciendo mal.
Intento pensar, que es culpa mía pero lo cierto es que, las decisiones dificiles sólo se pueden tomar siguiendo el dictado de nuestro corazón. Un corazón enfermo, es un corazón cobarde, sin ilusiones, lento.
Pero en realidad, basta con seguir el ritmo. Si notamos que nuestro corazón se acelera habremos encontrado el nuevo motivo para vivir, y entonces, la vida te cambia…

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