No me lluevas, que tengo frío

Todas las noches, me ducho entre las frustaciones.Soy los sueños de una noche, y el despertar de las siete de la mañana. Soy la malhumorada del metro. Soy seis horas y tres cafés. Con la cabeza entre dos mundos, uno contigo y otro sin ti.

Soy el reloj en la muñeca y las lágrimas en un autobús. Vuelvo, agotada, de morirme mientras espero, dando vueltas a un té que ya se me ha quedado frio.

Estoy, como un tronco sin ramas. Llueve, los relampagos me descorchan las manos, los pies arrugados por el tiempo. 
Con el sudor frio en la frente, rehago el camino desecho. Camino lejos, huyendo de mi sombra para conseguir estar sola, conseguir encontrarme entre tanta gente que un día fueron personas. Quiero tener la suerte de enamorarme de un escritor, y que un escritor se enamore de mi, para vivir para siempre entre sus palabras.
Mintiendo al futuro, jugando con el presente me calzo los zapatos mojados de la noche que tuvistes que estar aquí. Aquí para salvarme, para no dejarme caer.

Las luces se apagan y yo de pie esperando llegar a esa parada, mi parada, donde encontrarme con la que un día fuí, conm(t)igo. . . 

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